Líder político carismático: ¿autoridad, empatía o eficacia comunicativa?

Líder político carismático: ¿autoridad, empatía o eficacia comunicativa?

En los medios de comunicación el concepto de líder carismático se ha utilizado con frecuencia y es habitual escuchar que los políticos no tienen carisma  pero, ¿qué entendemos por líder político carismático y qué les caracteriza?

Cuando hablamos de los grandes personajes históricos que marcaron el trascurso de la política, en muchos casos se atribuye el éxito que tuvieron al carisma que transmitían. Hoy en día, generalmente identificamos la figura de un líder político carismático con una persona que fascina por su forma de ser y de desempeñar su profesión.

Para algunos autores la definición de carisma tiene que ver con aspectos como el humor, la belleza, la cordialidad o la sencillez. Para otros, que alguien sea carismático significa que tiene un control de la autoridad, el orden o el poder. La Real Academia de la Lengua Española define carisma, simplemente, como la “especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar”.

En este aspecto, la relación carismática está muy vinculada con la respuesta que los ciudadanos muestran en el candidato político, ya que tienen plena confianza en que las palabras que estos pronuncian se traducirán en hechos reales. Si se combina la simpatía con la autoridad y la cercanía, las posibilidades de que se reconozca a un líder como carismático aumentan.

En esa fascinación la Comunicación Política juega un papel fundamental. Un líder político carismático tiene una capacidad especial para comunicarse y expresar sus ideas a la ciudadanía. Sabe también escuchar y utiliza la información que le llega de la sociedad con creatividad e inteligencia.

Además, sabe adaptar la construcción del discurso político a cada contexto y traslada al electorado ideas bien estructuradas y convincentes. En cualquier caso, la percepción del elemento carismático no es igual en todos los ciudadanos ni tiene por qué serlo.

Para el filósofo alemán Weber, después de la autoridad racional y democrática, el carisma es el tercer tipo de autoridad política. Sin embargo, uno de los peligros de la persona carismática es que puede perder el sentido de la realidad con facilidad, lo que podría suponer una falta de eficacia a la hora de ejercer sus funciones gubernamentales.

Por ello, no debemos asociar necesariamente el líder político carismático con una fuerza positiva para las sociedades, sino comprender que el carisma puede desarrollarse de múltiples formas, no siempre adecuadas para cada contexto histórico.

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